Roskopf, el reloj que cambió el mundo de la relojería.

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Roskopf, el reloj que cambió el mundo de la relojería. por Simón Piqueras, J. A., Iniesta, F. y López, A. (2010) se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-CompartirIgual 3.0 Unported.
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Juan Ángel Simón Piqueras, Fernando Iniesta Martínez y Alejandro López Hernández.

Definir quien era G. F. Roskopf es algo complicado. Como a otros muchos genios de la historia, él apenas disfrutó económicamente de los derechos de su invento. Mal visto por sus compañeros de oficio, acusado de trivializar el reloj, otros se enriquecían explotando su nombre y su invento. En algunos momentos de la historia, ciertas personas han puesto al alcance del pueblo instrumentos que hasta la fecha solo estaban en manos de pudientes o profesionales, facilitando la vida de éstas personas, reduciendo costes y manteniendo una gran calidad. Ese ha sido el papel de G.F. Roskopf en la historia de la relojería; acercar el reloj al pueblo, o como el mismo bautizó a su reloj, al proletariado. Si alguna vez escuchan la historia de algún reloj que ha permanecido muchísimos años bajo tierra o en otro tipo de condiciones pauperrimas, y a pesar de ello sigue funcionando,no lo duden, casi con toda seguridad, se trata de un Roskopf.

Georges Frédéric Roskopf. El comienzo del mito.

Georges-Frédéric Roskopf nació el 15 de marzo de 1813. Niederweeler, Alemania. A los 16 años se trasladó a Chaus-de-Fonds donde trabajó tres años de comercial con la marca Mairet & Sandoz. A los 21 comenzó a trabajar como aprendiz con J. Biber, un relojero de la zona. Un año después se casó con Lorrimer, mujer mucho mayor que él y pieza clave en el futuro profesional de Georges, pues financió su actividad profesional en los primeros años. Tras su matrimonio, y gracias a la financiación de su mujer, Roskopf estableció su negocio en el año 1835 en la rue Leópold Robert. Tuvo un hijo, Fritz Edouard Roskopf que nació el año siguiente, y que en cierto modo forma parte de la historia de este tipo de relojes como se verá más adelante.

En sus primeros años de negocio, Roskopf se dedicaba a ensamblar relojes, compraba las piezas y montaba sus relojes personalizados, como hacían tantos otros relojeros de su época. Principalmente montaba relojes con escape de cilindro y de palanca para Estados Unidos y Bélgica. Sus relojes eran de calidad, pero el negocio no terminó de funcionar y decidió venderlo en el año 1850. En 1851 Roskopf fue contratado por una importante relojería de La Chaux-de-Fonds donde cobraba nada menos que 5000 francos, un sueldo enorme para aquella época. Además le permitieron seguir produciendo por su cuenta relojes para su antigua clientela. Más adelante, cuando su hijo Fritz Edouard pudo ayudarle, Roskopf se asoció con H.E. Gindraux, formando la Roskopf, Gindraux & Co. Esta sociedad solo duró dos años, pues su hijo se marchó a Ginebra a montar su negocio y Gindraux fue nombrado director de la escuela de relojería de Neuchatel. Roskopf siguió en solitario con la fabricación de relojes y germinando la idea de un reloj al alcance de todos los bolsillos.

El diseño ideado por Roskopf.

Roskopf concibió la idea de producir un reloj de bolsillo cuyo precio de producción estuviera por debajo de los 20 francos, y que sin embargo, fuese un reloj de calidad, difícil de dañar y con una precisión correcta. De este modo estaba convencido que para abaratar el reloj era necesario reducir el número de piezas que lo componían al mínimo, un sistema de escape que abaratase la producción y una caja de calidad sin ningún tipo de ornamentación. En principio, estas ideas chocaban radicalmente con la idea de la relojería de la época. En una ciudad donde todos los relojes fabricados eran de oro, que alguien propusiese hacer un reloj con una caja de aleación barata, con una máquina tosca, sin apenas rubies, era visto por muchos de sus compañeros de oficio como una humillación.

Sin embargo, Roskopf estaba empeñado en conseguirlo, y para ello, utilizó los siguientes recursos, de los cuales el primero fue de su cosecha, y los demás si bien habían sido utilizados ya, no eran los más empleados en la época:

  • Suprimió la rueda de centro e incluyó una rueda suplementaria remachada sobre el barrilete, la cual actúa sobre el cañón de minutos. Esto permitió emplear muelles reales más grandes y fuertes, lo que facilitó que sus relojes funcionaran correctamente aún cuando estaban algo sucios o con aceites resecos. Además el muelle empleado era sin fin, lo que impedía que se rompiese por exceso de cuerda.
  • Utilizó un escape sobre una plataforma independiente del reloj que fuese fácil y rápido de fabricar.
  • Empleo del Áncora de clavijas, versión barata del escape de paletas (Se sustituyó las paletas de rubies por clavijas de acero. Aconsejado por Jules Grossman, quién se lo recomendó frente al escape de cilindro). Éste Áncora fue concebido en 1798 por L Perron.
  • Empleó para darle cuerda un sistema de remontaje en la corona que quedó libre de patente en 1867. Hasta la fecha a los relojes que no pagaban la patente, se les daba cuerda mediante una llave, y muchos siguieron sin incluir este sistema hasta 1880.

A pesar de su búsqueda de abaratar los costes en muchos casos desestimó algunas soluciones por su falta de calidad. Por ejemplo en un primer momento intentó que las esferas se realizaran en papel grueso libre de componentes químicos que pudiesen afectar a la maquinaria, algo que no fue posible. Frente al uso del Latón, las cajas de los relojes se realizaron en plata alemana, una aleación de cobre, zinc y niquel con la que se obtiene una bella apariencia plateada (las primeras cajas se fabricaron a través de Malleray hasta 1876. Posteriormente se fabricaron por Constant Hamel). Otras innovaciones si fueron incluidas, a pesar de elevar considerablemente el precio final del reloj. Por ejemplo, a finales de 1867 las piezas fabricadas por Roskopf tenían un sistema de remontaje de cuerda por la corona, pero se ponían en hora moviendo con el dedo las agujas del reloj, especialmente robustas para este menester. Roskopf consideró conveniente añadir un sencillo sistema realizado por Raiguel, Julliard & Co de Cortébert que permitía poner el reloj en hora a través de la misma corona mediante el pago de una patente de unos 25 céntimos.

El reloj del proletario se hizo realidad.

La primera pieza surgida de las manos de Roskopf se fabricó en 1867. Por este invento, Roskopf recibió la medalla de Bronce en la exhibición mundial de París de 1868 como reconocimiento de su exposición en la feria de 1867 en Amsterdam. En la entrega de dicho premio, un descendiente del que sin duda es el mejor relojero de la historia, Breguet, dijo: Cómo proporcionar al obrero un reloj a bajo precio, para permitirle llegar al taller a la hora, ese era el problema. Fue resuelto por un fabricante relojero, el señor Roskopf, de la Chaux-de-Fonds, que ha tenido un éxito completo desde el punto de vista de la calidad y el precio. Señores, el Comité, apreciando el servicio así prestado a las clases trabajadoras, tiene el honor de proponer que se den las gracias al señor Roskopf por su reloj del pobre y de concederle una medalla de Bronce. Sin duda su reloj a pesar de reducir considerablemente los costes, eran robustos, exactos, cuidados, bien construidos y con buenos materiales.

Roskopf creó una manufactura que creaba y ensamblaba todas las piezas de su reloj. El actuó personalmente como coordinador en la producción y como agente comercial de su propio producto. En cualquier caso, los comienzos no fueron fáciles, las ventas tardaron en arrancar, se fabricaron lentamente y con problemas, y muchas piezas no llegaron en un estado correcto (de las 24 docenas de sistemas de escapes recibidos en la primera tirada, 3 de cada cuatro docenas se devolvieron por mal funcionamiento). Finalmente fue necesaria ayuda externa en el propio ensamblaje de las piezas. El comienzo de las ventas se situó en enero de 1867 con un pedido de dos mil unidades, las cuales no fueron entregadas en su totalidad hasta diciembre. Roskopf contrató a Charles Léon Schimd, quien tuvo la genial idea de mostrar el reloj a miembros del ejercito, y compañías ferroviarias. Curiosamente, el reloj del proletario fue comprado en sus inicios por militares y aristócratas. En marzo de 1870 se habían vendido 20.000 relojes del proletariado. En este mismo año Roskopf presentó  su segundo diseño, en el que se incluyó el sistema de puesta en hora mediante la corona.

Desafortunadamente poco tiempo después, en 1873, Roskopf no pudo continuar con sus trabajo debido a su deterioro físico y al reciente fallecimiento de su mujer. El transfirió su negocio a Wille Fréres y a su empleado de mayor rango, Charles Léon Schimd. Ambos crearon la Roskopf Watch Co, empresa que vendió veinte millones de relojes. Roskopf murió el catorce de abril de 1889, y si bien pudo ser consciente de la importancia de su creación, nunca supo la transcendencia que su invento tendría en el mundo de la relojería, pues realmente en estas fechas es cuando “los roskopf” comenzaban a dominar los mercados de la relojería popular. Roskopf no había podido patentar su invento en Suiza en el momento de lanzamiento de su reloj y esta patente no estuvo disponible hasta 1888, lo que originó que numerosas fábricas realizasen relojes que compartían en su totalidad las ideas del diseño de Roskopf. Además, muchas de ellas trataron de vender la imagen de ser la auténtica sucesora de Roskopf. Esta circunstancia es sin duda, para bien o para mal, motivo de que este tipo de reloj haya tenido el éxito que tuvo. Algunas abarataron al mínimo el coste de los relojes, disminuyendo las calidad de éstos, y dando mala fama a los mismos. Otras sin embargo mejoraron los diseños originales de Roskopf, superando los relojes licenciatarios de la marca.

La era Post-G.F. Roskopf.

Tras la compra de los derechos de los relojes Roskopf por parte de Fréres  y Schimd se continuó con la marca Roskopf Patent. la venta de los relojes Roskopf comenzó a multiplicarse alcanzándose cifras de ventas impresionantes para la época. Sin embargo los propietarios tenían que competir con numerosas marcas que incluían “la marca” roskopf en sus relojes, o marcas muy similares (Rosskopf, Louis Rosskopf, etc…), dándose el curioso caso de que se utilizó el apellido Roskopf de un carnicero para poder ponerlo acompañado de unas iniciales en la esfera. Esto sumado a que en algunos casos la calidad de estos relojes era similar o superior a los Roskopf Patent originales, desató una guerra encarnizada. Una de las víctimas notorias de la misma, fue el propio hijo de Roskopf, Fritz Edouard, a quién no le fue posible utilizar su apellido en los relojes por el fabricados, algo que no ocurrió con otras muchas marcas que copiaron el modelo antes de la patente de 1888.

Otros sellos empleados en los relojes Roskopf Patent. Fuente: www.mikrolist.de En esta web se puede consultar la mayor parte de los fabricantes de relojes Roskopf. Muchas de ellas pusieron en el mercado relojes con distintas marcas.

Fritz Edouard tuvo un hijo que se llamaba Louis Frederic, quien se dedicó al comercio de aves exóticas. En uno de sus viajes a la Chaux de Fonds fundó con el relojero Léon-Henri Reinbold la Louis Roskopf & Cie. Esta compañía fabricó relojes bajo varias marcas (Louis Roskopf, Petit fils Roskopf, Roskopf Nieto, etc…) llegando a vender unos diez millones de modelos Roskopf. En 1923 se fusionó con Reconvilier Watch Co.la cual estuvo activa hasta la década de los 70.

La dura competencia no hizo sino que la propia Roskopf Patent tuviese que mejorar su calidad. Se comenzaron a fabricar modelos conmemorativos en cajas de plata, acero pavonado, con esferas decoradas o enlentejadas, modelos sabonetas (3 tapas), etc….. Sin embargo es muy probable que a pesar de estos relojes aumentados de calidad y decorados, no alcanzaron el nivel de otras marcas. A este respecto otras marcas consiguieron niveles de decoración y mejoras mecánicas considerables llegándose incluso a la fabricación de cronógrafos y sonerías. Todo esto, en cierto modo se debió a una extraña ley federal suiza que no permitió a los fabricantes de relojes realizar modelos distintos a los que ya fabricaban. De esta manera ciertas marcas de alto prestigio hoy en día comenzaron su andadura con la fabricación de modelos Roskopf como por ejemplo Oris.

El papel de los minoristas de joyería en la popularización del Roskopf.

Con la explosión de marcas que fabricaban relojes Roskopf debido a la gran venta de los mismos, se produjo otro fenómeno que perdura aún en nuestra época. Muchas relojerías de la época solicitaban relojes personalizados, por lo que hoy en día se encuentran una gran numero de relojes tipo roskopf con los nombres de dichas relojerías en las esferas, lo que los hace especialmente atractivos para los coleccionistas locales, máxime, cuando la mayor parte de ellas han desaparecido.

La joyería-relojería mas popular de las que han estampado en sus esferas y cajas su propia marca, es sin lugar a dudas la joyería Cubana “Cuervo y Sobrinos”. Esta relojería fue dirigida por D. Armando F. Río y Cuervo, Asturiano que se afincó en Cuba llamado por su tio D. Ramón Cuervo. Posteriormente se incorporaron al negocio más sobrinos de D. Ramón Cuervo.

Esta relojería se dedicaba a importar relojes suizos de calidad, añadiendo posteriormente distintas marcas a los mismos, con la particularidad de ser los únicos importadores de los mismos. Los famosos relojes Roskopf Patent y otras marcas de calidad como Longines se marcaban con “cuervo y sobrinos, únicos importadores, Habana”.  En el caso de los relojes tipo Roskopf que no pertenecían a la Roskopf Patent se usaron otras marcas comerciales, como Lorenzo Mugno para los relojes Rosskopf Patent (nótese la presencia de dos S), Francisco Blanco para los Roskopf Fréres , Río Hermanos para los Genre Roskopf y Marino Noval para los W.Rosskopf & Co. Cuervo y Sobrinos se comercializa en la actualidad, bajo una estrategia comercial que trata de hacer creer a los clientes que sus relojes evolucionan de una gran marca relojera de principios de siglo pasado, nada más lejos de la realidad.

Al igual que Cuervo y Sobrinos, fueron muchas las relojerías que marcaron en las esferas de los relojes suizos sus propias señas de identidad. España no fue ajena a esa corriente y prácticamente en todos los rincones del país se las relojerías marcaron su seña de identidad. El roskopf fue un reloj que destacó por su escaso mantenimiento, aspecto que lo hizo muy famoso además de entre la clase proletaria, en las zonas rurales dedicadas a la agricultura y la ganadería. Es por ello que nos es raro encontrar modelos de este tipo de reloj marcados por relojerías de lo que hoy en día son pueblo no demasiado grandes, al igual que a principios de siglo. En este sentido cabe destacar que estas relojerías solían elegir aquellos relojes que destacaban por su calidad, por lo que normalmente son piezas realmente excepcionales.

Consideraciones Finales.

Una frase popular del refranero español versa “el tiempo es aquel juez, que termina poniendo a cada uno en su sitio”. G.F. Roskopf fue un magnifico relojero y el tiempo lo ha puesto en su sitio. ¿Cuantos de sus detractores coetáneos de La Chaux de Fonds son tan recordados?. Nos encontramos ante una de las piezas claves de la relojería. Un reloj creado para los menos pudientes, y que en la actualidad es un objeto de culto. Con el paso de los años se ha comprobado que se han vendido nada más y nada menos que sesenta millones de modelos basados en el sistema Roskopf, algo que no se repetiría hasta la década de los ochenta con el fenómeno Swacht. Roskopf será recordado como uno de los grandes genios de la relojería, puede que sus relojes no estén embutidos en una caja de oro de 18 kilates, que los rubíes es sus centros sean prácticamente los mínimos imprescindibles, que no fabricase relojes con demasiadas complicaciones,………….. o quizás si, porque a fin de cuentas contribuir a cambiar el mundo debe ser bastante complicado.

Referencias.

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Moreno, A. C. (2009). El Roskopf Patent en el ajuar del campesino canario. Gran Canarias, España: Guía de Gran Canarias. Extraído de http://www.guiadegrancanaria.org/documentacion/alejandromoreno/roskopf.pdf

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